jueves, 15 de marzo de 2007

Lo valiosas que son mis amigas

Es curioso lo poco conscientes que somos de lo valiosos que podemos llegar a ser en un momento determinado. A veces actuamos como ángeles sin saberlo, solo escuchando, comprendiendo, otorgando la hermosa caricia del amor y la amistad.

Hace un tiempo me mandaron uno de esos mensajitos que tienen un pps añadido. Un científico, Masaru Emoto (Gris lo pronunciaría mucho mejor J) fotografió unas gotas de agua en el preciso instante en que pronunciaban un rezo, realizaban un insulto, o eran expuestas a música relajante. Los resultados fueron tremendos. Según parece, el agua adoptaba formas armónicas y hermosas en los supuestos positivos y formas absolutamente discordantes y horrendas en los supuestos de exposiciones a situaciones negativas. Ahí os dejo algunas imágenes…

Pues bien, mis amigas Naty y Gris, son capaces de obrar ese milagro en mi corazón. Solo con algunas palabras de ánimo, con su cariño y su constante insistencia en quererme más que yo (competición que difícilmente podrán ganar por más que se empeñen). Gracias, os merecéis saberlo, porque el mundo se compone de estos detalles indispensables. Sonreir a alguien, decirle una palabra amable a quien ni siquiera se conozca, ayudar a los demás. Son cuestiones manidas, repetidas hasta la saciedad, a las que se dan poca importancia, cada día menos. Pero tienen tanto valor, como el agua que alimenta a una flor en el desierto de Atacama y lo hace florecer al completo.

Que no, insisto, yo os quiero más. ;)

martes, 13 de marzo de 2007

Acerca de las personas que quieren manejar mi vida...


Esto es como las trompetas del Apocalipsis. Voy a numerar mis gritos, aunque, creo que debería haberme buscado un papiro de esos extra largos, para poder escribir tantos...

Vamos a ver, comencemos... Si a alguno de vosotros os dijeran que Dios os va a regalar x dones, posiblemente saltaríais de alegría. Pero cuando eso incluye una clausula de "tienesquetriunfarporcojones" entonces la cosa cambia. No voy a entrar en detalles, pero sí, es posible que tenga un don especial para cierta clase de arte. He vivido la mitad de mi vida perfeccionándome, abandonando muchos otros proyectos por ser la número uno, la mejor, todo por triunfar. Y claro, eso provoca que determinadas personas quieran ser tus "ayudantes", pasar a la historia como aquellos que han logrado que subas a la estratosfera de la fama. Los obrantes del milagro del nacimiento de una estrella...

¿Y qué carajo es la fama? Os lo voy a decir: es una jaula. Una maldita jaula de oro de la que no se puede salir una vez que has entrado. Cada día lo veo más claro. Todo lo que no he hecho, todo lo que he dejado apartado, todo cuanto estoy apartando para... ¿para qué?

Creo que podría conseguirlo, sí. Creo que podría ser la mejor, podría entrar en la jaula y ser un monito de feria muy exitoso. Estarían felices muchos de los que me rodéan, porque fardarían de mí, de ser mis padres, o mi esposo... Y yo sería infeliz, desdichada, porque detesto la superficialidad de este mundo, aborrezco estar en determinados ambientes. Es una maldición. A veces, es mejor nacer siendo una patana para todo, os lo aseguro. Al menos, es preferible no destacar en nada...

Hoy se lo dije a mi marido, no quiero seguir. Estoy harta de tanto viaje, de tanto sacrificio, quiero tener una vida normal, tener hijos... Se ha enfadado, sí señor, dice que soy una cobarde, que voy a tirar la toalla en el mejor momento, justo cuando estoy a punto de lograrlo, que espere un año más... Me ha echado en cara su esfuerzo, como si yo le hubiera pedido alguna vez que me ayudase, como si fuese mi destino una decisión suya. Se ha sacado de la manga no se qué trato que jamás hice con él. Ahora resulta que soy esclava de mi propio don, que soy como un jilguero enjaulado a quien obligan a cantar hasta reventar. No tengo derecho a ser sencilla, a levantarme una mañana siendo una mujer normal, con miles de aspiraciones y no con una obsesiva aspiración que me consume como si fuese un vampiro de mi alma.

¿No les basta acaso con mi cariño? ¿Por qué es tanto pecado querer vivir la vida tranquilamente? Supongo que mucha gente añoraría tener las complicaciones que yo tengo, pero creedme, es insufrible, insoportable. Es posible que yo no sea lo bastante fuerte como para soportar la presión. Pero es que no quiero pasar mi existencia haciendo una sola cosa, quiero hacer tantas... quiero... ah, necesito gritar.

No sé qué hacer. Estoy dolida. No es justo, parece que me aman por mi "don", mi maldito "don", no por mí misma. Me está matando todo esto, es una pesadilla, un comedero de cabeza tremendo. Enfadados porque quiero dejarlo... Me da igual, lo he decidido ya, mi único objetivo es intentar ser mamá, si es que puedo y Dios me deja serlo, que esa es otra historia, otros grito que os contaré en otra ocasión...

Buenas noches.

Munch

Mi puente de los gritos


¿Alguna vez habéis sentido que necesitáis gritar? Me refiero a esa clase de sonido que emitiríais si estuvieseis en la cima del Everest: potente, interminable, histérico, loco, salvaje, eufórico, libre, obsceno... hasta quedar afónicos.

Espero no ser la única... Yo lo siento ahora mismo, en realidad, lo he sentido innumerables veces. Me atrevería a hacerlo, a salir a la terraza y gritar como loca, si no fuera porque mis vecinos podrían acabar por llamar a la policía... Escándalo público, bonita acusación… Menuda sinrazón. ¿No rugía el rey león? ¿No aúllan los lobos? ¿Y qué pasa con King Kong? ¿Por qué los animales pueden gritar y los humanos no deben hacerlo aunque puedan? Hemos perdido todo lo salvaje que éramos, pero no somos mejores que los animales... Qué ironía ¿no? No se hable más, sería necesario implantar una habitación extra en las casas, insonorizada, dedicada en exclusiva a desahogarse. ¿Por qué tenemos que ser tan condenadamente civilizados?

Muchos de vosotros/as leeréis esto y, seguro, pensareis: "¡pero qué loca!". En efecto, no presumo de cordura, ¿para qué? Estoy harta de ser como todo el mundo, cansada de acatar unas normas que inventó quién sabe que imbécil integral... Te enseñan a ser hipócrita desde que naces (se amable con todos los amiguitos, pero no te juntes con los niños tal y cual). Te obligan a ser humano y, a la vez, a no serlo. Te ilustran en el arte de pecar sin que se note, a ser malo pareciendo bueno, a ser inteligente-tonto.Y ya estoy harta, esta es mi habitación de los gritos. Y si alguien no es capaz de soportar los decibelios, lo invito a abandonar mi espacio. Total, cuando alguien grita, no lo hace necesariamente porque espere que otros le escuchen, sino porque necesita deshacerse de "algo". Y yo tengo muchos “algos”...

Mi vida es un quebradero de cabeza constante. En serio, los problemas tienen una extraña fijación conmigo y todos me ven cara de solucionadora oficial de "todoloquesea". No sé si es peor la fascinación que tienen los problemas conmigo o el escaqueo generalizado que todos los que me rodean tienen a la hora de afrontarlos. Porque, vamos, es que a veces me siento como Moises en versión femenina, apartando las aguas para que todo el pueblo de Israel sea liberado de la esclavitud. Sí señor. En mi casa, si algo se avería, yo tengo la culpa (aunque no la tenga). Si los de wanadoo nos han estafado, yo tengo la culpa, si los de los móviles han subido la cuota porque les ha salido de los mismísimos, yo tengo la culpa. Si los de Air Madrid nos han jodido medio millón de las pesetas de antes, por supuesto, es culpa mía... Si mi marido ha perdido las llaves, es culpa de esta menda, porque le ha distraído. Si el vecino se ha tirado un cuesco en el ascensor, yo pago las culpas, porque yo soy como el Estado de un país poblado por garrapatas, que chupan y chupan hasta que revientan.

Pero, al final, la que va a acabar reventando voy a ser yo, porque me da la gana. Ea. Eso es lo que hay. Y pienso publicar en este espacio y contar la tragedia de mi existencia al ciberespacio. Voy a gritar cada injusticia, cada estúpida situación que me toque vivir. Voy a llamarle pan al pan y vino al vino. Y espero herir la sensibilidad de varios capullos.

Ahí está mi presentación. Saludos antisociales.

Munch (la que grita en el puente).